Quiero dar las gracias a la Fundación Japón por brindarme la magnífica oportunidad de participar en su Programa para Especialistas en los Campos Cultural y Académico en su centro de Kansai, cerca de Osaka, donde he pasado dos meses durante los cuales he podido mejorar mi nivel de japonés y mis competencias investigadoras en este idioma, rodeado de un equipo de profesionales de primer nivel. A ellos quiero también agradecerles su hospitalidad, amabilidad y total dedicación.

El curso de dos meses está adaptado al nivel de japonés de cada participante y está organizado en sesiones de gramática, kanji, conversación y comprensión oral, enfocadas sobre todo a la vida académica. Además, existen clases optativas para aprender o mejorar aspectos como la escritura de correos electrónicos a personas en el ámbito profesional. Todo ello va acompañado de encuentros individuales con un tutor asignado a cada participante, con quien se tiene oportunidad de discutir aspectos tanto lingüísticos como académicos, y se pueden abordar conjuntamente textos en japonés. Al mismo tiempo que los participantes amplían sus conocimientos a través de estas sesiones y tutorías, preparan semanalmente la presentación final de su tema de investigación, que tiene lugar en la última semana del curso frente a los compañeros y el personal del centro. En un primer momento puede parecer un reto enorme llevar a cabo una presentación íntegramente en japonés, pero al final todos los participantes lo consiguen con éxito, constatando lo mucho que han mejorado sus habilidades. Personalmente, haber conseguido transmitir mis conocimientos y contestar las preguntas del público en japonés ha sido la experiencia que me ha hecho sentir más realizado y orgulloso tras dos meses de duro y enriquecedor trabajo.

Pero no todo fue duro trabajo, sino que el curso también intercalaba actividades en las que, más allá de la lengua, se profundizaba también en aspectos de la cultura japonesa: los participantes tuvimos oportunidad de experimentar en primera persona artes tradicionales como el
ikebana, el teatro bunraku y el shodō.

     

Por otro lado, merece la pena mencionar el hecho de que esta experiencia me ha permitido convivir con una decena de personas dedicadas a la investigación de los Estudios Japoneses, ocasión que no se presenta fácilmente. Con ellas he mantenido conversaciones regulares en las que hemos podido intercambiar ideas, conocimientos e impresiones de gran valor para la vida en nuestro ámbito académico compartido.

Como investigador posdoctoral, además de mejorar mi competencia en lengua japonesa me interesaba también adquirir los conocimientos para poder completar los detalles de un artículo académico, entrevistarme con colegas japoneses, y recolectar material para llevar a cabo mis futuras investigaciones una vez de vuelta a Barcelona. Gracias a mi estancia de dos meses en Japón becado por la Fundación Japón, pude cumplir también dichos objetivos: gracias a las conversaciones con mi tutor pude ultimar mi artículo, que ha sido publicado en la revista Japan Forum; gracias al apoyo logístico recibido pude viajar a Tokio y hacerle una entrevista al prestigioso profesor Saito Kohei, también publicada; y gracias a la asistencia del personal de la biblioteca pude hallar y adquirir material de gran valor para mis futuras investigaciones.


 
En definitiva, han sido dos meses intensos y muy provechosos que estoy seguro darán impulso a mi carrera como investigador en el ámbito de los Estudios Japoneses. 

Ferran de Vargas